Carta abierta de un estudiante venezolano a los países de la OEA que votaron NO

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Foto: EFE

Me tomé el atrevimiento de escribir esta carta, no solo como venezolano, sino también como ser humano, porque el pasado lunes en Cancún ustedes han cometido una de las más grandes injusticias que pudieran cometer contra un pueblo.

Sus votos fueron contra Venezuela, no porque lo diga yo, sino por las siguientes razones:

Porque con sus votos, apoyaron y le dieron más oxígeno a un  presidente que no está preocupado en resolver los problemas de los venezolanos, sino en ingeniárselas para permanecer en el poder.

Porque mientras sus delegaciones estaban discutiendo en Cancún sobre la situación de Venezuela, una familia  era informada de que efectivos de la Guardia Nacional, los que deberían protegernos, acababan de matar a su hijo.

Porque la historia no los absolverá y tendrán un grado de complicidad, serán recordados como los que pudieron hacer algo, pero no lo hicieron.

Porque mientras ustedes votaban, miles de estudiantes éramos reprimidos en las calles de Venezuela, el país que vio nacer a Bolívar, libertador de cinco naciones de América Latina.

Porque le mataron la esperanza a miles de personas que están sobreviviendo sin medicinas en los hospitales esperando la apertura de un canal humanitario.

Porque mientras ustedes se lavaban las manos de la situación en Venezuela, una madre lloraba de impotencia por no tener cómo alimentar a su hijo.

Porque nos cerraron otra vía pacífica para salir del Gobierno, pero también porque si no les conmueve la muerte de una persona, el término humano les queda grande.

Porque la lista de presos políticos cada vez es mayor y sus derechos -y el de sus familiares- son violados constantemente.

Porque respaldaron a un Gobierno que no cuenta con el apoyo de más del 80 % de los venezolanos, cuya legitimidad es cada vez menor y, peor aún, solo se mantiene en el poder por la fuerza.

Porque valieron más sus intereses -y no solo los de los que votaron en contra, sino también los de los que se abstuvieron de condenar al régimen-, ¿cuántos muertos más tienen que haber para que volteen a mirar a Venezuela?

Parafraseando la letra del himno nacional, el vil egoísmo otra vez triunfó.

Que Dios los perdone, porque yo no.

Por Néstor Fereira, bloguero venezolano.

Desde Maracaibo, Venezuela.

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¿Qué es Voces No Escuchadas?

Escrito y publicado por Néstor Fereira el sábado 24 de junio de 2017 originalmente para Voces No Escuchadas.

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Ellos, nuestros héroes

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Foto: Instagram

Ellos, nuestros héroes, tenían algo en común: todos eran venezolanos y fueron asesinados mientras luchaban por una mejor Venezuela.

Esa Venezuela en la que seguro tú quieres vivir, pero ellos, pese a luchar por la libertad de nuestro país, ya nunca van a poder disfrutar de esa Venezuela.

Una bomba lacrimógena disparada por la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) en el pecho de Juan Pernalete acabó con su vida. Nos dolió en el pecho, en el corazón, en el alma, a todos los venezolanos. Como este, existen cientos de casos en los que vil mente fueron asesinados jóvenes de nuestro país por el simple hecho de manifestar su descontento con el Gobierno.

Como Paúl Moreno, quien fue asesinado mientras auxiliaba a manifestantes en una avenida de la ciudad de Maracaibo que, merecidamente, hoy lleva su nombre.

Se me eriza la piel de solo pensar que la muerte de ellos pudo haber sido en vano, espero que no.

Me preocupa enormemente la indiferencia de muchas personas que actúan como si no estuviese pasando nada, como si no estuviesen matando a personas.

Hoy, una silla vacía junto a un comedor es lo que ha dejado una brutal represión en muchos hogares venezolanos. Eso no es nada comparado con el vacío que han dejado nuestros héroes en los corazones de todos los venezolanos, pero sobretodo en el de sus familiares.

Ellos no tuvieron tiempo para despedirse y ya no podrán volver a jugar, a cantar, a reír o a llorar. Ellos no tendrán una segunda oportunidad.

Vuelen alto, guerreros. El cielo  se llena de júbilo para recibirlos y, quizás, más temprano que tarde, nos volvamos a encontrar.

Por Néstor Fereira, bloguero venezolano.

Desde Maracaibo, Venezuela.

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Escrito y publicado por Néstor Fereira el jueves 8 de junio de 2017 originalmente para Voces No Escuchadas.

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Peligro en el transporte público

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Foto cortesía de Noticias Vespertinas

Eran cerca de las 2 de la tarde de un día que pudo haber terminado como cualquier otro, pero no fue así.

El calor, típico de Maracaibo, se percibía desde muy temprano.

Los motores de los autos calentaban, aún más, el paísaje, mientras un grupo de estudiantes de la Universidad del Zulia se preparaba para abordar un autobús que los llevaría al centro de la ciudad sin siquiera imaginarse que uno de ellos, minutos después, sería víctima del hampa.

La tarde avanzaba y con ella el peligro se aproximaba, los estudiantes, una vez en el autobús, conversaban sobre sus actividades académicas.

El chofer pisaba el acelerador cada vez con menos conciencia, poco a poco los pasajeros se iban bajando y con ello la unidad colectiva se convertía en el escenario perfecto para los delincuentes.

De pronto, un sujeto silvó y cuando el autobús se detuvo, se bajó. Pero en ese momento el peligro se hacía inminente, dos tipos abordaron la unidad colectiva y, como si no tuvieran malas intenciones, se sentaron al lado de José Sánchez, uno de los estudiantes que minutos antes se habían montado.

De inmediato, uno de los delincuentes le comentó al otro en voz alta:

«Pero háblale claro de una vez».

Instantáneamente, josé se percató de la actitud sospechosa de los antisociales, pero era demasiado tarde: ya las cartas estaban echadas y nadie podía escapar de su destino.

Uno de los transgresores le ordenó al estudiante entregarle el celular que guardaba en el bolsillo derecho de su pantalón, mientras lo amenazaba con matarlo si gritaba o si volteaba a mirar para atrás.

No eran muchas las opciones con las que contaba aquel estudiante: daba el teléfono y se convertía en víctima de la delincuencia o se negaba a entregar el celular y muy probablemente pasaba a la estadística de personas asesinadas por resistirse al robo de alguna de sus pertenencias.

Los nervios se apoderaron del joven universitario, a quien esos segundos le parecieron eternos. Sin embargo, mientras sacaba el teléfono de su bolsillo, le dijo a uno de los delincuentes, quizás esperando que se compadecieran de él:

«Pero es un ‘potesito’».

A los antisociales eso no les importó y en ese momento, con la mayor indiferencia que puede tener un ser humano, le arrebataron el celular de las manos. Solo eso bastó para que los delincuentes, aprovechando que el autobús se detuvo en un semáforo de la Av. Delicias de Maracaibo, huyeran del sitio.

De esta forma, un estudiante, como millones de venezolanos, se convirtió en víctima del hampa en un país donde, según cifras extraoficiales, la impunidad alcanza un 95 por ciento , influyendo esto, a juicio de los expertos, en los altos niveles de delincuencia.

Por Néstor Fereira, bloguero venezolano.

Desde Maracaibo, Venezuela.

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Crónica escrita y publicada por Néstor Fereira el miércoles 24 de mayo de 2017 originalmente para Voces No Escuchadas.

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Aumento de pasajes, ¿otra vez?

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Foto cortesía de Analítica

Millones de venezolanos se levantan todos los días desde muy temprano, mucho antes de que los rayos del sol iluminen la ciudad y de que las gotas de agua de la lluvia bañen el paísaje verde de los campos.

El transporte público, cada vez en peor estado, colapsa desde tempranas horas de la mañana.

Estudiantes y trabajadores hacen un esfuerzo enorme para cumplir con la jornada laboral y académica, pese al alto costo del pasaje.

En un país como Venezuela, donde la escasez de repuestos para autos se agrava cada día más, Juan López, un profesor de un pequeño liceo de Maracaibo, se ve obligado a utilizar el transporte público, a pesar de poseer un carro.

Como Juan, son miles los venezolanos que tienen auto propio, pero no pueden transportarse en él por la falta de algún repuesto.

Luego de pasar 14 minutos en una cola, López por fin logra abordar un vehículo que lo llevará a su trabajo. «Les advierto que el pasaje está en 400 bolívares», afirma el chofer de aquel automóvil blanco, pero un poco descolorido, que abordó Juan en el sector Curva de Molina de Maracaibo.

Los pasajeros, con impotencia y rabia, pagan el pasaje a 400 bolívares, ellos saben que el aumento no es oficial, mucho menos legal, pero también saben que si no acceden a pagarlo deberán bajarse del auto y esperar nuevamente por otro.

Cuando todos  le entregan el pasaje al chofer y este lo cuenta, comienza a conducir.

«¡Esto es un robo! Ellos (los choferes) cobran lo que les da la gana y nosotros tenemos que pagarlo, ¿hasta cuándo?», manifiesta un estudiante, con voz de rebeldía, en el auto.

«¿Y vos creéis que los repuestos están muy baratos? Si ayer me quitaron 4.000 bolívares nada más por cambiarme un caucho», responde el chofer, con un acento muy típico de Maracaibo, al estudiante. Todos se quedan en silencio hasta llegar a su destino.

Así, comienza el día de muchos venezolanos en el transporte público: con un aumento de pasaje no oficial e ilegal.

Por: Néstor Fereira, bloguero venezolano.

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Crónica escrita y publicada por Néstor Fereira el sábado 6 de mayo de 2017 originalmente para Voces No Escuchadas.

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Aquí escribiré todo sobre las voces no escuchadas, las del pueblo, lo que la gente hace, comenta y piensa en las calles de Venezuela.

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Néstor Fereira, bloguero venezolano y estudiante de los últimos semestres de Comunicación Social, mención Periodismo Impreso, de la Universidad del Zulia (LUZ).

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